Muchos Goyas, pocas nueces. | SOCIAL-VIPS MAGAZINE

Muchos Goyas, pocas nueces.

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El pasado sábado, los Goya cumplían 30 años. Y, la verdad, poco o nada recordó al mimo y a la especial ilusión con la que solemos celebrar y organizar nuestro treinta cumpleaños: fiestas sorpresas, vídeos emotivos, lágrimas y alegría a partes iguales, regalos simbólicos y especiales. Gente que te quiere alrededor, EMOCIÓN.

Nada de eso -o más bien poco- apareció el pasado sábado. Además, si después de la noche más importante para el cine español, una se descubre hablando (bastante) más de lo estrepitosamente ridícula y aburrida que fue gala que de los premios y premiados, algo no salió como debiera.

A las 20:00 de la tarde, a dos horas de empezar la gala, ya estaba nariz pegada al ordenador viendo la alfombra roja, calentando motores. Porque no nos engañemos, adoro el cine por encima de muchas cosas pero el sábado era una noche que trascendía más allá de horas en salas de cine. El sábado tocaba hablar de películas, modelitos, (in)justicias, chascarrillos, anécdotas, salidas de tono y entradas a trapo.

Por eso, es una buena ocasión para mencionar las cosas que sí y las cosas que no. Las cosas que me emocionaron y las cosas que me indignaron. Las cosas mejorables y las cosas que no deberían volver a pasar.

Las cosas que me representan como amante del cine y las cosas con las que me sonrojo.

Allá voy. ¡Sálvese quien pueda!

NO al pelo de Victoria Abril. Victoria, con lo que tú has sido. Esa Marina de Átame, esa Luisa de Amantes, esa Rebeca de Tacones Lejanos. No hagas del tiempo tú peor enemigo.

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al vestido de Irene Escolar. Sencillo, estiloso, asimétrico, con espalda al aire y un color verde precioso. 

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NO al numerito casposo musical del principio y, sobre todo, al mago que amenizó la velada (podemos hacerlo muuuucho mejor, caballeros, ¿un mago? ¿de verdad?)

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a Ricardo Darín. Siempre. Hablando, callado, riendo, serio, con barba, sin barba, en Truman o en un vídeo casero. SIEMPRE.

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NO -y que me perdone mi corazón- a Serrat en una gala de cine. Fue una actuación que llegó para romper el poco ritmo que la gala tuviera. Se hizo pesada y contribuyó alargando el tedio de la noche. Perdón, Juanito.

a la fotografía de La novia. Uno de los dos premios que ganó (de los muchos más que merecía) esa joya del cine. Gran homenaje a Federico García Lorca y a la sensibilidad. Al amor salvaje y al dolor.

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NO a la música que cortó de manera abrupta los discursos de los ganadores. Se me ocurren millones de maneras menos agresivas para recortar minutos (¿Quién dijo mago? ¿Quién dijo Serrat? ¿Quién dijo bromas sin ton ni son del conductor de la gala?)

a Juliette Binoche. Porque su presencia siempre brilla, porque nos da empaque y clase. Por su elegancia, su sonrisa y su saber aguantar una gala tediosa en la que no entendió ni palabra. Casi mejor.

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NO a los directores sentados en el gallinero, a los guionistas entrando por la puerta de atrás y a la nula mención a plataformas como Filmin  que luchan día a día por conseguir títulos y por combatir las descargas ilegales.

Y, el más rotundo de la noche es para las lágrimas de Daniel Guzmán, para el discurso de Miguel Herrán y para ese ‘Me has dado una vida, Daniel’ que nos  hizo secarnos la lagrimita recién empezada la noche:

Fue una gala deslucida y aburrida en la que ni siquiera la presencia de tanta estrella consiguió hacer brillar.

Aunque, ya se sabe, como dice mi amiga Rosa, las galas son como los partos, que una vez pasado el dolor inicial, se olvida el horror y ya empezamos a pensar en el siguiente hijo.

¡Goya 2017, os espero con ganas!

 

Sobre el autor

Marta Perez

Marta Perez

Me gusta (MUCHO) el queso; el moreno del primer día de playa; hablar en citas de películas; la ropa de cama blanca; beber el vino en copa de borde fino y la cerveza en vaso helado; me gusta la gente que suma, que se posiciona, que tiene opinión y brillo; me gustan las cosas bonitas y el menos es más; las camisas blancas y los olores frescos; me gusta hablar, escuchar y escribir; me gusta (muchísimo) el cine y, sobre todo, pensar que en todos los finales habrá perdices para cenar.

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